jueves, 1 de mayo de 2014

Hora del recreo: Please Mr.Postman

La primera pregunta que me hice en la vida, hasta donde logra alcanzar mi memoria, fue,…si Goofy y Pluto son perros, ¿Por qué Goofy puede hablar y Pluto no?. Lo recordé de repente cuando, siglos después de aquel trascendental dilema, le oí a mi hija preguntarse cómo es posible que Bob Esponja vaya a una playa con arena y costa, si la historia transcurre en el fondo del mar. En realidad no tengo respuesta para ninguna de estas dos cuestiones, pero creo que la mayor parte de las veces lo importante es hacerse la pregunta adecuada en cada momento de la vida, sin dar nada por supuesto.

En relación a los Beatles una de las primeras dudas que me rondaron en la cabeza durante años,- muchos años antes de la aparición de Internet,- rezaba: ¿Qué fue primero, La Bamba o Twist and Shout?. No tenía la contundencia filosófica del “Ser o no ser”, ni la relevancia filogenética de “qué fue primero, el huevo o la gallina”. Pero fue en todo caso la inquietante cuestión que en aquel momento necesitaba resolver ya que, como es bien sabido, Twist & Shout y La Bamba son, en realidad, la misma canción.

Lo cierto es que la solución al dilema es inapelable. La Bamba es una canción anónima perteneciente al folclore mexicano, creada probablemente a finales del siglo XVII. Twist and Shout es un tema escrito en 1961 por Phil Medley y Bert Russell. Dilema resuelto.

Como quiera que calzo esta anécdota en cualquier sobremesa que se precie o a quien me la quiera escuchar, ya es absolutamente predecible la inmediata pregunta que con ceño fruncido siempre me replica mi indefinido interlocutor de turno: “Ah, pero Twist & Shout, ¿no es de los Beatles?. Pues no, no es de los Beatles. Pero considerando que la realidad es una percepción social, como si  fuera de los Beatles.

Algo parecido le ocurre al tema Please, Mr Postman del magnífico álbum “With the Beatles”, que tampoco es de los Beatles. Creo que no hay una canción en la historia que me lo haga pasar mejor que este bestial tema de Dobbin, Garrett, Garman y Brianbert de 1961.


Bueno sí. Sí hay algo más divertido que escuchar Mr. Postman. Y consiste en escuchar esta canción con una batería delante. Y pido perdón humildemente a mis amigos, Paco Segui Ferrandis, Hektor Martinez y la joven promesa, Swann´s boy….pero para mi, la batería, aún desde mi torpeza, es solo para jugar. Para jugar al quinto beatle.


                                                            Happiness is a warm drum (listening Please Mr. Postman)

viernes, 4 de abril de 2014

California: Cantera McCartney

Erase una vez un muchacho californiano que en 1973, con solo 14 años, apasionado con los Beatles, fundó su primera banda. Los absolutamente desconocidos e intrascendentes fuera de California, Eulogy. Creo que hubiera sido fascinante viajar en el tiempo y en el espacio para confesarle a Rusty Anderson, - así se llamaba el adolescente-, que algún día iba a tocar al lado de su ídolo Paul McCartney. Claro que lo más probable fuera que, en aquel momento, justo cuando estaba tocando en la fiesta de fin de curso de su instituto, esa posibilidad le pareciera completamente inalcanzable. Un sueño inalcanzable.
En otro punto del mapa de California, y también en 1973, el guitarrista y bajista, Brian Ray, que entonces tenía 18 años y mucho talento, decide dedicarse profesionalmente a la música. Comparte con Anderson la pasión por los Beatles.

Y, en este repaso que ya veremos a dónde nos lleva, nos tenemos que referir a la dinastía Laboriel. Un dechado de virtudes artísticas a la que debemos la genética musical acumulada en Abe Laboriel Jr. El abuelo, el mexicano Juan José Laboriel, extraordinario músico, instruyó personalmente a Abraham Laboriel, que acabó siendo un extraordinario bajista de sesión y grabó con artistas como George Benson, Ella Fitzgerald, Joe Pass, Aretha Franklin, Stevie Wonder y un larguísimo etcétera…¿quién da más?.
No sé si alguien da más…pero él sí dio más. Nos dio a su hijo Abe Laboriel Jr., nacido en California, que con el ritmo en el ADN, acabó siendo un mago con las baquetas.

El caso es que siempre me preguntaba quiénes eran esa especie de Zipi y Zape ya crecidos, que tocan lo que se les eche, al lado de Paul McCartney en todas sus giras y siempre delante de ese baterista de color (de color negro como precisarían los Luthiers).


Efectivamente, son Rusty Anderson, Brian Ray y Abe Laboriel. California los alumbró y el destino los unió como músicos de estudio en el trabajo de Paul, Driving Rain (2001). Ya no se separarían. Curiosamente esta formación va a llevar más tiempo sacando discos que Los Beatles y, por supuesto Wings. Pero es una formación sin nombre, sin historia, sin pasado y con solo una imagen posible. La de Paul.



Anderson, Ray y Laboriel con un señor de camisa blanca y bajo vintage

domingo, 30 de marzo de 2014

Outliers y efecto interacción con Beatles Bolero Mix

En un momento dado, mientras paseaba el otro día por Málaga con mi amigo Santiago, me preguntó curioso,
-       “¿a ti por qué te gustan los Beatles?”.
Rápidamente se corrigió a sí mismo y reformuló su fallida pregunta inicial.
-        “mejor dicho, ¿por qué te gustan SOLO los Beatles?”.

Esta es una buena ocasión para explicar un concepto propio de la estadística descriptiva. Me refiero a los “outliers”. El ejemplo de las mediciones de temperatura es muy didáctico. En el cálculo de la temperatura media de 10 objetos en una habitación, si la mayoría tienen entre 20 y 25 ºC, pero hay un horno a 350 °C, la media puede ser 55, pero será una referencia engañosa ya que está condicionada por un elemento que se sale extraordinariamente de la media. Y esta es la clave de los outliers o valores atípicos. Tal cual.
Por supuesto que me gustan otros intérpretes. Queen o David Bowie que he glosado en este blog en sendas entradas es prueba de ello. Y aún me falta una entrega de “Revolver los Beatles con Bob Dylan”.

Silvio Rodriguez, Jorge Drexler, Pat Metheny, Christina Rosenvinge, Eric Clapton, Chet Baker, Gabinete Caligari, Benny Goodman, Peret, The Zombies, M Clan, Neil Young, Elvis Costello y Presley, Carl Perkins, Marvin Gaye, Beach Boys, Kiko Veneno y… qué se yo, etc, etc. en fin, la lista puede tender a infinito. Pero en otra liga, como outlier o valor atípico, está el horno a 350 ºC,...están los Beatles.

Por otra parte, en el capítulo de estilos y géneros diferentes al Rock, además del country, blues, bossa nova, o el tango, hay una vitrina especial para el bolero. Los Panchos,- sobre todo sin Eydie Gormé,- Olga Guillot, Mª Dolores Pradera, o el sublime Armando Manzanero pueden llevarme a excelsos momentos.

Llegados a este punto, no hace falta que me extienda sobre la experiencia estética que puede conllevar escuchar a los Beatles interpretar un bolero. Me estoy refiriendo a un estado que también la estadística, esta vez analítica, lo explica perfectamente con el conocido efecto interacción. Se trata de un efecto en virtud del cual el resultado no es de naturaleza aditiva (beatles + bolero) sino de naturaleza multiplicativa (beatles x bolero) con un resultado final fascinante.

Los Beatles escribieron boleros magníficos, como If I fell o And I love her. Uno de sus primeros éxitos fue Bésame mucho, de la compositora mexicana Consuelito Velázquez, pero creo que es en Till There Was You cuando realmente son totalmente conscientes, de que aquello quieren que suene como un bolero. Esta canción fue escrita por Meredith Willson para uno de los musicales de Broadway, The Music Man.


Free as a bird, tema que ya hemos revuelto en este blog, es de alguna forma el último bolero que grabaron los Beatles y al que yo rindo un muy humilde homenaje doméstico, extensible a este grandioso género hispanoamericano que, como no podía ser de otra forma, se resuelve con un compás 4 x 4 (Fab four x Fab four). El único 4x4 que, además de todoterreno, puedes volar, volar, fly and fly...







sábado, 15 de marzo de 2014

Bilbao: Agenda del ocio

La sugerencia de mi primo Alberto pasa por el Coppola, un restaurante italiano en el corazón de Bilbao que hace honor a su pseudónimo “Pizza & Music”. Con el aroma embriagador del tomate, la albahaca, el aceite de oliva y la mozarella de búfala podemos escuchar un concierto en directo de la Plastic Clono Band que, en medio de la iconografía beatle, da como resultado una experiencia muy interesante. Nada de esto puede ya asombrarnos después del vídeo que grabaron los jugadores del Athletic Club emulando Love me do. Las dos debilidades de mi amigo PPK en un solo formato.

Detalle del Restaurante Coppola


Y esa cena en el Coppola puede ser un buen colofón tras haber visto, o incluso experimentado, la retrospectiva de Yoko Ono en el Guggenheim. Si Paul McCartney se ha reconciliado con Yoko, y nosotros ya llegamos a la conclusión que los Beatles, entre otros factores, fueron dinamitados por más de una década de convivencia y los tejemanejes del facineroso Allen Klein, ya no hay razones para albergar resentimiento alguno y así, sin prejuicios, animarse a conocer la obra de esta artista que, por supuesto, atesora más facetas que ser la mujer de John Lennon. Como preludio a la exposición, Yoko Ono ha realizado tres perfomances en el auditorio del Guggenheim de Bilbao ante unas 400 personas, con el aforo completo. El tirón es indiscutible.

Los seguidores de los Beatles podemos contemplar la obra Ceiling Painting, que presentó por primera vez en Londres en 1966. En dicha obra podemos observar una lupa sujeta con una cadena que cuelga de un marco colocado en el techo. Si se utiliza la lente de aumento el observador descubre la palabra “YES”, Los iniciados conocemos la trascendencia histórica de esta obra y la actitud positiva que transmite. La misma actitud que ha exhibido Yoko en todas su comparecencias ante los medios en Bilbao, llegando a afirmar que “estamos creando un mundo bello en el que la paz está cerca”, Ni siquiera yo, que defiendo a toda costa la máxima de que la felicidad es una actitud, no un destino, llego a captar del todo dónde acaba la convicción y dónde empieza la pose, o viceversa. 


Ceiling Painting by Yoko Ono


En todo caso da igual. Aunque tengo terminantemente prohibido a mi círculo social decir en mi presencia la frase “con la que está cayendo”, se agradece el espíritu positivo, y si hubiera coincidido con Yoko en su visita gastronómica a San Sebastián, me hubiera gustado decirle aquel verso de Aute que rezaba “aunque se que no es fácil decir la verdad,…no la digas jamás”.


Yoko Ono en San Sebastián







viernes, 28 de febrero de 2014

West End Story: Una historia beatle.

No iba a contar este episodio porque quizás no tenga nada que ver con lo que realmente ocurrió. Pero lo verdaderamente importante de las historias no son como fueron, sino  como las recordamos. Tenemos que remontarnos a marzo o abril de 1983. Aquella semana santa estaba en Londres. Era la primera vez que estaba en la capital del Beat y, como en otros viajes por lo largo y ancho de este mundo, algún día del periplo siempre acabo tocando la guitarra en la calle. Es una experiencia que solo me da por hacer, -aún hoy en día,- cuando viajo. Claro está que no por dinero,-bueno cuando tenía 20 años, sí,-. Es sobre todo porque me parece muy divertido.

Londres era una plaza difícil porque, como es obvio, mi repertorio callejero comprende en exclusiva el catálogo de los Beatles y, claro, no es lo mismo tocar A day in the life en Bruselas que en la capital del Beat. Así que me armé de autoestima y busque un lugar no muy lejos de la pensión en la que me alojaba en Charing Cross Road. Era la entrada de la estación de metro de Leicester Square en el West End de Londres.

Cuando llevaba ya un rato sin despertar demasiado entusiasmo a los transeúntes me puse con I´ll follow the sun. No sé qué me pasa con esta canción que siempre la toco más despacio que el original, pero sólo me doy cuenta del desfase cuando lo hago en casa acompañando al disco. De hecho, siempre pienso que yo la toco bien y “ellos” van más rápido de lo normal. Son las consecuencias de demasiada autoestima. El caso es que, en medio de la canción se me acerca un tipo con gafas de sol (en Londres?) y visera que me susurra en bajo, en perfecto inglés, algo parecido a “ey, es un poco más rápido!”.

…vale, lo voy a soltar…a mi ese individuo me pareció que era Paul McCartney. De hecho lo primero que me sobresaltó fue su voz. Conozco bien el peculiar acento de Paul.
Se parecía a Paul….bien, vale, de acuerdo, igual no era Paul McCartney.


Sin embargo un año después se estrenó la fallida  Give My Regards To Broadstreet y en una escena de la película, Paul, disfrazado y simulando ser un músico callejero, se le ve apostado en la estación de metro de Leicester Square tocando una canción que no reconozco. Aunque sí sus gafas de sol.




sábado, 15 de febrero de 2014

Trabalenguas: 4 fabulosos musicofílicos cuentan que tocan con encanto

La musicofilia tiene diversas manifestaciones. Una de ellas es el tono absoluto. Las personas dotadas con este don pueden decir la nota de cualquier sonido sin reflexión alguna y sin compararlo con un patrón externo.
Otra especialidad no tan cerebral tiene que ver con la habilidad para aprender a tocar cualquier instrumento. El caso paradigmático de la culminación de estas y otras capacidades musicofílicas es el de Derek Pavicini, músico ciego y autista al que le basta escuchar solamente una vez cualquier melodía para ejecutarla en el piano. Una maravilloso misterio.

Los Beatles estaban especialmente dotados para la composición musical, y es sobre todo esta competencia la que los ha convertido en el mejor grupo del mundo. No en la misma medida, la técnica. Aunque ya nos referimos a lo que toca la banda del Sargento Pimienta, es el propio Lennon quien reconoce las limitaciones:

     “No éramos buenos técnicamente. Ninguno leía música, ninguno podía escribirla. Pero, como músicos puros y seres humanos inspirados podíamos hacer ruido tan bueno como el de cualquiera”.

Así que hoy lo que tenemos es sesión de fotos de estos músicos puros. Ya sabemos que Harrison toca el Moog en “Here comes the sun”, pero también toca el bajo cuando se requiere, como en “She said she said” y la batería, en sus ratos libres.

George, el bajista

George a la batería


John Lennon cuando no tenía la Epiphone Casino, era un hombre sentado al piano, o a la batería?. Pero entonces Ringo se debería ocupar de la guitarra. 

Lennon a la batería y Ringo con la Acústica

Pero, sin duda lo mejor es que Ringo vuelva a…la batería?. No, al piano con Paul, que como ya todo el mundo sabe, para acabar antes, es mejor empezar por los instrumentos que no toca. En fin,..un trabalenguas.




sábado, 8 de febrero de 2014

Queenie Eye no era un juego

Hace ya algunas semanas ensalzábamos en esta bitácora las virtudes del gran tema de Paul McCartney, Queenie Eye perteneciente a su último álbum, NEW. La versión oficial en lo que concierne a la letra de esta canción hace referencia a un juego de la infancia en la época de Liverpool, aquella en la que los niños jugábamos en la calle. Entonces fue la ocasión destinada únicamente a detallar sus bondades musicales.
Pero, claro, llevado quizás por una incontenible desviación profesional no tardé en buscar otras interpretaciones posibles.

Me encontraba repasando la errática compilación de cartas de Lennon a cargo de Hunter Davies (digo errática por parte de Davies, ya que en la pag. 100, a bocajarro y sin anestesia, el periodista apunta que Penny Lane fue compuesta por John Lennon, ¿!!?...es solo uno de los múltiples gazapos), cuando leo una de las cartas más ácidas del volumen dedicada básicamente a Linda McCartney cuya introducción reza:

Estaba leyendo vuestra carta y me preguntaba qué cascarrabias fan de mediana edad de los Beatles la había escrito/…/Me quedé pensando, ¿quién puede ser?, ¿Queenie?, ¿la madre de Stuart?, ¿la mujer de Clive Epstein?, ¿Allan Williams?..¡Por todos los diablos, pero si es Linda!”.

Nótese que Queenie es, junto con Allan, la única referencia personal directa, las otras dos son “la madre de” y “la mujer de”. Esto denota un alto nivel de familiaridad con el personaje.
Pero, ¿quién era Queenie?. Pues se trata de la madre de Brian Epstein. En realidad su verdadero nombre era Malka (reina en hebreo), aunque todo el mundo la conocía como Queenie. Queenie Eye sería, por tanto, el ojo, la mirada, de la madre de Brian.

El caso es que ahora, reviso la letra de la canción, recuerdo la reacción de Paul con el fallecimiento del manager, momento en el que prácticamente se hace con las riendas musicales de la banda y, no sé, casi me cuadra:

Había reglas que nunca me dijiste, nunca se me ocurrió un plan, todas las historias que me vendiste no me ayudan a entender. Pero yo tenía que conseguir que funcionara, no tenía nadie que pudiera ayudar, así que al final resultó que tenía que hacerlo por mí mismo”.


Claro que Queenie eye pueda que fuera solo un juego. De esos de la infancia en Liverpool…


Brian del brazo de Queenie y su padre Harry Epstein

Paul abrazando a Meryl...¿haciendo de Queenie en el video clip?