Hubo un momento en la historia de nuestra especie que decidimos separarnos de la Naturaleza para convertirnos en sus usuarios. Las razones son muchas y quizás todas condicionadas en alguna medida por el mandato bíblico “Llenad la Tierra, sojuzgadla y tened dominio sobre los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se desplazan sobre la tierra” (Génesis, 1).
En todo caso, a pesar de ser ese nuestro destino como especie, el instinto que recurrentemente se despierta en cada individuo es volver a ser Naturaleza. Defiendo que es esta la razón en virtud de la cual cuando contemplamos un paisaje fabuloso la experiencia no es completamente perfecta. Falta algo. Ese algo es que no somos realmente parte del paisaje. No somos Naturaleza. Somos “lo otro” que está ahí y casi siempre de paso. Carecemos de los recursos que poseían las antiguas sociedades tribales para formar parte del entorno, y eso nos genera una cierta sensación de frustración. Pero hay una salida. Hay una puerta que permite conectarnos con el Todo, con la Naturaleza: Esa puerta es la música.
Creo que a esa conclusión llegaron Paul McCartney y John Lennon después de escuchar el relato de Maharishi Mahesh Yogi titulado “Hijo de la madre naturaleza”. El relato y el paisaje de la India inspiraron “Mother Nature´s Son” y “Child of Nature” respectivamente. El tema de John, incomprensiblemente, se descartó para el disco Blanco y jamás se publicó en un álbum de los Beatles. Con el tiempo, este tema se disfrazó de otra cosa y se transformó, con otra letra diferente, en la historia del chico celoso, “Jealous Guy”, que todos conocemos por el álbum Imagine.
Un amigo de RLB nos recordaba que la Naturaleza ha sido fuente de inspiración en muchas ocasiones para Paul McCartney como en el caso de "Heaven on a Sunday" concebida en la soledad de un barco en alta mar. O, cómo no, la explícita "Mull of Kintyre"…Escocia pura en vena.
A pesar de los deseos de John Lennon, ahora no podemos imaginar un mundo sin religiones. Pero hubo una época en que todas las sociedades primitivas del planeta compartieron una única forma de conexión con el Todo consistente en la veneración a la Naturaleza. Pero no como ente abstracto, sino referida al paisaje que estaba bajo sus pies desnudos. El Ganges en la India, las cinco montañas sagradas en China, los manantiales sagrados de Zinacantán en Chiapas (México),… Y así, en cada rincón del planeta, una expresión ancestral de íntima comunión con la Naturaleza.
En Iwol (Senegal) hay un árbol Baobab grandioso, y no solo por su circunferencia de 23 metros. Es sagrado y varias veces centenario. Con un poco de flexibilidad, puedes acceder a su interior por una estrecha hendidura de su retorcida e intricada corteza. Estar dentro de ese árbol es una experiencia que no se puede describir con palabras. Durante el tiempo que permaneces en su reconfortante,- y en cierto modo intrauterina,- cavidad interior, eres Naturaleza. A otra escala, tocar Mother Nature´s Son o Child of Nature con una guitarra acústica en la espesura de un bosque inhabitado, te abre la puerta…
...Y cada uno debe descubrir por sí mismo qué hay al otro lado.
Child of my flat






