sábado, 18 de octubre de 2014

Comarca del Bidasoa: La Liverpool de Gipuzkoa

Bidasoa. Dícese de la comarca guipuzcoana fronteriza con Francia. Más o menos.

Cuando en 1960 todavía nadie había oído hablar de los Beatles Juan Ignacio de Lucas formó parte de Los Bitters un grupo pionero de la interminable lista de grupos de rock que estuvieron en activo durante la década de los 60 en este pequeño rincón del mundo. Aunque resulte chocante ahora, hubo una época en la que Irún, la Liverpool de Gipuzkoa, era más conocida por su innumerable lista de grupos de “música moderna” que por sus pintxos y cocina en miniatura. Y para que la memoria colectiva tampoco olvide jamás a sus viejos rockeros, Josema Martínez, con muchos vinilos a sus espaldas, ha organizado la exposición “Rock Bidasoa 1960-1975” en la que se rinde homenaje a una veintena larga de aquellos pioneros de Rock & Roll, con muchos paneles, fotografías y recuerdos de Los Tarántulas, Los Strings, Los Cunix, Los Tercos, Los Ruidos, etc. etc.



Para este escribano hubo tres cosas especialmente emocionantes de la inauguración de esta exposición. Por un lado, el escenario en el que podemos disfrutar de las réplicas de los instrumentos de los Beatles. La Gretsch Country Classic, dos Rickenbacker, una de ellas, de doce cuerdas, la batería y el ínclito bajo Hoffner. 





Además de estos instrumentos había una verdadera colección de joyas (guitarras y bajos de la época) para mi deleite e incontenible envidia.  







Pero lo mejor de todo fue departir con los protagonistas de aquellos grupos, hoy con las nieves del tiempo clareando sus sienes, pero con un espíritu endiabladamente joven. Como Juanjo Legarda (el vivo retrato de George Martin, pero esto ya son cosas mías), guitarrista de los Strings, y que aún hoy sigue componiendo…los viejos rockeros nunca mueren.


sábado, 30 de agosto de 2014

Revolver los Beatles con la genial y maldita dinastía de los Buckley

El sueño es bueno. La muerte es mejor. Pero lo mejor de todo sería no haber nacido

La cita es de aquel “compañero de pupitre caído” que me propuso A hard day’s night como el mejor disco de los Beatles. Una triste sentencia que forma parte de una historia triste. Se trata de la que nos cuenta mi buen amigo Gabriel Villota en su novela “Destellos en el agua”. Las conmovedoras pinceladas que dibujan a Marco, nuestro compañero de clase, un guitarrista excepcional para la edad que teníamos en los 70, están entrelazadas con las biografías de Tim y Jeff Buckley. Todos ellos parecían estar ausentándose de sus mundos, como huyendo de algo, de alguien, quizás de sí mismos. Hasta encontrar en la muerte prematura una especie de liberación.

Tim Buckley (1947-1975) fue un músico estadounidense de rock vanguardista extraordinariamente ecléctico y con una gran voz. Murió de una sobredosis de heroína y alcohol. En junio de 1967 grabó su segundo álbum Goodbye and Hello para el que es fotografiado en Central Park por Linda Eastman, mientras casualmente, en el mismo año, el futuro marido de la fotógrafa publicaba “Hello, Goodbye”. Uno de los seguidores de Tim Buckley era el mismísimo George Harrison, quien ese mismo año de 1967 se lo recomendó vivamente a Brian Epstain. Lamentablemente, Brian, como es sabido, perdería la vida poco después por una sobredosis de somníferos. Pasaron muchas cosas en ese 1967.

Tim tuvo un hijo con Mary Guibert, una mujer gran amante de los Beatles. Jeff Buckley (1966-1997) heredó las portentosas aptitudes de su padre exhibiendo en sus interpretaciones un impresionante registro vocal. Su talento musical se hace patente en el álbum de culto Grace (1994), una obra maestra que siempre ha recibido elogios de Paul McCartney, entre otras grandes figuras. Su versión del Hallelujah de Leonard Cohen probablemente sea lo más conocido de este músico de voz apabullante y gran talento como guitarrista.

Jeff Buckley se lanzó vestido y cantando al rio Wolf (Memphis) a un canal del Mississippi, donde pereció ahogado en una especie de bautismo iniciático que, paradójicamente, le llevó a la muerte. Parece inevitable que su leyenda incorpore especulaciones sobre la posibilidad de que su intención fuera quitarse la vida. Marco la perdió tras una ingesta masiva de su propio antidepresivo. Otra paradoja cruel e irónica,… mientras mi guitarra llora.









domingo, 3 de agosto de 2014

¿Es Blackbird una canción de los Beatles?

No sé por qué motivo, ni sé por qué razón, en ocasiones me obsesiono con una canción. Si me ducho, la tarareo, si quedo con mi guitarra, la toco una y otra vez, y si almuerzo, uso el cuchillo y tenedor cual baquetas para una cover de urgencia.
Los psicólogos lo llaman pensamientos intrusivos. Sin embargo, en esta ocasión el término no sería adecuado porque intrusivo tiene un matiz negativo al denotar que el afectado no desea, o bien desconoce, la presencia del intruso. No es mi caso.  Yo estoy encantado con mis obsesiones musicales y reconozco su presencia. Este mes es Blackbird.

No suelo escribir artículos sobre canciones concretas, salvo raras excepciones (Old Brown Shoe, Her Majesty, Queenie Eye), ya que para eso existe la magna obra de mi colega Swann. Pero quería quitarme esta espina después de que mi querido amigo la despachara en su día con un condescendiente “Blackbird es una canción bonita y evocadora” o con la indulgente valoración “de una ligereza muy agradable”. Bien, vayamos por partes.

En cuanto al significado de la letra, la interpretación que nadie debería cuestionar es la que ofrece el propio autor al describirla como una metáfora de las tensiones raciales en Estados Unidos. Corría el año 1968. Sin embargo, es habitual dar pábulo a cualquier otra versión que avale la supuesta superficialidad de Paul McCartney, como que fue inspirado por el trino de un mirlo en Rishikesh, o que se refería al despertar de John Lennon de sus excursiones a sustancias tóxicas. Si Lennon hubiera dedicado el experimento Revolution 9 a las tensiones raciales de Estados Unidos del 68 ya se habría erigido una estatua conmemorativa en algún parque de Harlem.

En cuanto a la arquitectura de la canción, encierra en su estructura una contradicción vygotskiana subyugante. Y es que, en contraposición a su aparente simplicidad, la melodía se asienta sobre tres compases diferentes, con una mano izquierda revoloteando como un mirlo sobre la guitarra acústica Martin D-28 que acaricia con la nueva técnica finger-picking (aprendida de Donovan, también empleada en Julia y Dear Prudence). Su inspiración en el Bouree in E minor de Bach ya es por todos conocida. Si esta canción hubiera sido incluida en el Sgt, Pepper, como recordaba McCartney en una entrevista, debería llevar “violines y trompetas” pero no sería Blackbird. Su barroca desnudez quedó preservada en el disco blanco, el más ecléctico de la discografía beatle. Por eso suena a los Beatles esta canción de McCartney escrita e interpretada por él solo, como suena a los Beatles la citada Julia, escrita e interpretada por John Lennon.


En fin, llegados a este punto, mostraré mis cartas boca arriba: Blackbird es la más bella canción escrita para guitarra acústica. Y por eso he aquí un homenaje casero, -con mi hija Noa doblando mi voz en el puente de la canción,- para recordar que la lucha contra la xenofobia continúa. 




viernes, 1 de agosto de 2014

La separación en directo: Goodbye Beatles

Creo que necesitaba una lectura más ligera que el sesudo tratado de musicología de Everett. Y, así, por puro esparcimiento, Jesús Pérez García me propuso su obra de teatro “Goodbye Beatles”. Lo único malo de esta experiencia literaria es que me ha durado un suspiro,..algo así como el ala aleve del leve abanico. Hubiera querido que se demorara un poco más esta puesta en escena de la vida “en directo” de los Beatles. Porque fue Paul MacCartney, no Mediaset, el que inventó el programa Gran Hermano con la película Let it Be.

Pero se trata de una obra breve, como la propia historia del grupo. Breve pero intensa. A fin de cuentas eso es lo que relata el autor: los intensos diálogos entre John, Paul, George y Ringo acompañados de los personajes que fueron testigos de sus últimos días. Desde el concierto de la azotea de la Appel Corps, existe algún flashback al bar Indra de Hamburgo, donde los Beatles, con Stu y Pete, comienzan como destajistas  del rock, regalándonos el autor la ironía de una historia que empieza y acaba con sendas intervenciones policiales.

Hemos leído tanto material biográfico sobre este grupo, que todos los seguidores de esta banda hemos construido, casi sin proponérnoslo, un perfil psicológico para cada uno de sus integrantes. Hasta de los secundarios. ¿Quién no reconoce la paciente fidelidad de Mal Evans, o la parsimonia de George Martin?.  Por eso, debido a esta coherencia entre perfil psicológico imaginado y diálogo propuesto, a la altura de la segunda página del libreto, a uno se le olvida por completo que está leyendo una obra teatral, resultando inevitable experimentar la sensación de que pudo ocurrir así. De que realmente ocurrió así.

En el fondo, como dice el autor, es una historia de amor, de amistad, de relaciones en cualquier ámbito, contada a través de un mito contemporáneo, y en la que todos podemos habernos visto identificados en nuestra vida, negándonos a ver lo evidente.


Quien esté libre de identificarse con la historia que tire la primera piedra. Y es que la vida es puro teatro.




martes, 29 de julio de 2014

Volver a empezar: Revolver los Beatles

Confieso que no he muerto. Este blog ya comparte con Paul McCartney la fallida leyenda de una muerte que jamás tuvo lugar. Tardé en darme cuenta, pero fue decisivo el encuentro casual con una persona que no conocía de nada en un concierto dedicado a grandes éxitos de los 60 en la casa de cultura de Loyola (San Sebastián). Se acercó a mi para confesarme, “soy un seguidor de tu blog”. Al otro lado solo imagino a mis primos PPK, Swann, Fer y tal. Pero para alimento de mi indisimulada vanidad, debe haber más por ahí. Hasta 39 si me fijo en la columna de la derecha. Así que, hola a todos de nuevo. Bienvenidos al concierto, gracias por estar ahí. Y yo, a la tecla.

Este bitácora se sustenta en la idea de que, -desde un punto de vista musical-, algo extraordinario ocurrió a partir de Revolver en la ya burbujeante trayectoria de los Beatles. Es una intuición que solo puedo sustentar en experiencias emocionales que trato de expresar torpemente con palabras. Pero esta evolución estética que he glosado sin prisas y con algunas pausas, debía tener una explicación teórica. La teoría musical, las técnicas de composición, los principios de la armonía son cuestiones de las que confieso un analfabetismo total. Solo sé, eso sí, que a partir de Revolver ocurrió algo increíble. Es una cuestión diferente a la ya tratada aquí en varios pasajes relacionada con las aptitudes de los fab four como instrumentistas. Nos estamos refiriendo a la evolución de los Beatles como creadores.

Después de toda una vida buscando respuestas, acabo de adquirir, por impagable recomendación de PPK, la obra que desentraña el misterio. Se trata de la tesis de Walter Everett titulada “Los Beatles como músicos”. La mala noticia es que no entiendo el 80% de lo que pone debido a una exigencia que el mismo autor advierte compasivamente: “Para seguir la mayor parte de la discusión teórica de este libro será esencial contar con dos años de estudios universitarios en teoría de la música, y algunos de los temas abarcados son incluso más especializados”. Esto implica que, en muchos casos, necesito varios días de estudio para entender algunos pasajes, y considerando que estamos hablando de un texto de más de 500 páginas, digamos que ya tengo plan para los próximos años. Para ilustrar de forma más precisa la dificultad a la que aludo citaré las líneas en las que estoy actualmente enfrascado sobre Across the Universe, que no son de las más intrincadas: “Nótese como la melodía flota sin peso, inocente y eterna, descendiendo durante tres compases y luego regresa hacia arriba  a una 7 no resolutiva en A+4 con el sol finalmente resolviendo hacia el fa# en B+7 y el do# hacia el re solo en la coda”.


En todo caso, Everett parte de la misma hipótesis aquí planteada: Revolver fue muy diferente a cualquier otro álbum de rock que lo haya precedido y marca la explosión como creadores de la mejor banda del mundo. Y yo creía que lo sabía todo,…pero no sé nada,…maldito libro.






jueves, 1 de mayo de 2014

Hora del recreo: Please Mr.Postman

La primera pregunta que me hice en la vida, hasta donde logra alcanzar mi memoria, fue,…si Goofy y Pluto son perros, ¿Por qué Goofy puede hablar y Pluto no?. Lo recordé de repente cuando, siglos después de aquel trascendental dilema, le oí a mi hija preguntarse cómo es posible que Bob Esponja vaya a una playa con arena y costa, si la historia transcurre en el fondo del mar. En realidad no tengo respuesta para ninguna de estas dos cuestiones, pero creo que la mayor parte de las veces lo importante es hacerse la pregunta adecuada en cada momento de la vida, sin dar nada por supuesto.

En relación a los Beatles una de las primeras dudas que me rondaron en la cabeza durante años,- muchos años antes de la aparición de Internet,- rezaba: ¿Qué fue primero, La Bamba o Twist and Shout?. No tenía la contundencia filosófica del “Ser o no ser”, ni la relevancia filogenética de “qué fue primero, el huevo o la gallina”. Pero fue en todo caso la inquietante cuestión que en aquel momento necesitaba resolver ya que, como es bien sabido, Twist & Shout y La Bamba son, en realidad, la misma canción.

Lo cierto es que la solución al dilema es inapelable. La Bamba es una canción anónima perteneciente al folclore mexicano, creada probablemente a finales del siglo XVII. Twist and Shout es un tema escrito en 1961 por Phil Medley y Bert Russell. Dilema resuelto.

Como quiera que calzo esta anécdota en cualquier sobremesa que se precie o a quien me la quiera escuchar, ya es absolutamente predecible la inmediata pregunta que con ceño fruncido siempre me replica mi indefinido interlocutor de turno: “Ah, pero Twist & Shout, ¿no es de los Beatles?. Pues no, no es de los Beatles. Pero considerando que la realidad es una percepción social, como si  fuera de los Beatles.

Algo parecido le ocurre al tema Please, Mr Postman del magnífico álbum “With the Beatles”, que tampoco es de los Beatles. Creo que no hay una canción en la historia que me lo haga pasar mejor que este bestial tema de Dobbin, Garrett, Garman y Brianbert de 1961.


Bueno sí. Sí hay algo más divertido que escuchar Mr. Postman. Y consiste en escuchar esta canción con una batería delante. Y pido perdón humildemente a mis amigos, Paco Segui Ferrandis, Hektor Martinez y la joven promesa, Swann´s boy….pero para mi, la batería, aún desde mi torpeza, es solo para jugar. Para jugar al quinto beatle.


                                                            Happiness is a warm drum (listening Please Mr. Postman)

viernes, 4 de abril de 2014

California: Cantera McCartney

Erase una vez un muchacho californiano que en 1973, con solo 14 años, apasionado con los Beatles, fundó su primera banda. Los absolutamente desconocidos e intrascendentes fuera de California, Eulogy. Creo que hubiera sido fascinante viajar en el tiempo y en el espacio para confesarle a Rusty Anderson, - así se llamaba el adolescente-, que algún día iba a tocar al lado de su ídolo Paul McCartney. Claro que lo más probable fuera que, en aquel momento, justo cuando estaba tocando en la fiesta de fin de curso de su instituto, esa posibilidad le pareciera completamente inalcanzable. Un sueño inalcanzable.
En otro punto del mapa de California, y también en 1973, el guitarrista y bajista, Brian Ray, que entonces tenía 18 años y mucho talento, decide dedicarse profesionalmente a la música. Comparte con Anderson la pasión por los Beatles.

Y, en este repaso que ya veremos a dónde nos lleva, nos tenemos que referir a la dinastía Laboriel. Un dechado de virtudes artísticas a la que debemos la genética musical acumulada en Abe Laboriel Jr. El abuelo, el mexicano Juan José Laboriel, extraordinario músico, instruyó personalmente a Abraham Laboriel, que acabó siendo un extraordinario bajista de sesión y grabó con artistas como George Benson, Ella Fitzgerald, Joe Pass, Aretha Franklin, Stevie Wonder y un larguísimo etcétera…¿quién da más?.
No sé si alguien da más…pero él sí dio más. Nos dio a su hijo Abe Laboriel Jr., nacido en California, que con el ritmo en el ADN, acabó siendo un mago con las baquetas.

El caso es que siempre me preguntaba quiénes eran esa especie de Zipi y Zape ya crecidos, que tocan lo que se les eche, al lado de Paul McCartney en todas sus giras y siempre delante de ese baterista de color (de color negro como precisarían los Luthiers).


Efectivamente, son Rusty Anderson, Brian Ray y Abe Laboriel. California los alumbró y el destino los unió como músicos de estudio en el trabajo de Paul, Driving Rain (2001). Ya no se separarían. Curiosamente esta formación va a llevar más tiempo sacando discos que Los Beatles y, por supuesto Wings. Pero es una formación sin nombre, sin historia, sin pasado y con solo una imagen posible. La de Paul.



Anderson, Ray y Laboriel con un señor de camisa blanca y bajo vintage